Que el AVE pase por Ronda (y que pare) es algo bueno para la ciudad, qué duda cabe. Pero no es responsabilidad directa de nuestros representantes municipales, sino del gobierno central.
Que se vaya a construir una nueva carretera que nos una con la costa, más rápida y cómoda (nos haremos otra vez los tontos y nos lo volveremos a creer), es algo bueno para la ciudad; tampoco cabe duda. Y tampoco es responsabilidad directa del Ayuntamiento de Ronda, sino que corresponde a las administraciones regional y provincial ponerla en marcha.
Que vayamos a tener un nuevo hospital, más moderno, mejor preparado y con más capacidad, es algo bueno para la ciudad. No hay que dudarlo. Como tampoco hay que dudar que la responsabilidad de la creación del mismo recae sobre todo en la Junta de Andalucía, no en el Ayuntamiento.
En definitiva, de los grandes proyectos que se vislumbran por el horizonte, y a pesar de que en todos es requerida la colaboración de nuestros gobernantes locales, ninguno de ellos está bajo su responsabilidad, lo que equivale a decir que por mucho que quieran y digan, carecen del poder real para convertirlos en realidad, teniendo que mantenerse a le espera de que otros, los verdaderos responsables, quieran realizarlos.
Debemos saber entonces, que cualquier intento de adjudicarse la realización de cualquiera de estos proyectos (y de otros que me dejo en el tintero) por cualquiera de los miembros de la corporación municipal constituirá poco menos que una nueva tomadura de pelo a los rondeños, por no hablar de mentiras abiertas. Y da igual que intenten justificarse ante nosotros, que somos la opinión pública, con aquello de que “gracias a que conocemos a la gente de la Junta…”, o “gracias a nuestra labor en Madrid…”, o también aquello de “con este nuevo pacto…”, pues no son ellos los que tienen capacidad para decidir.
Sin embargo sí que hay otros muchos ámbitos que les son propios y en los que pueden actuar con determinación y contundencia, donde sí tienen todo el derecho del mundo a adjudicarse aquello que sean capaces de hacer. El problema es precisamente ese: ser capaces de hacer algo. Pero no algo a secas, sino Algo, con mayúsculas. El problema está en ser capaces de imaginar proyectos de la envergadura suficiente como para hacer que Ronda sea conocida por algo más que por sus vistas, por su corrida de toros y por el encanto de sus calles. Imaginar proyectos, no necesariamente costosos, pero sí lo suficientemente originales como para llenar huecos de mercado libres que traigan el desarrollo deseado, o lo suficientemente interesantes como para que personas o empresas deseen desarrollar su labor en la ciudad, o tengan la posibilidad de instalarse y vivir aquí.
En este sentido, lo único que se ha visto en la ciudad en los últimos años ha sido la reciente publicación del posible avance del futuro Plan General de Ordenación Urbana, con el desarrollo más oscurantista de todos los posibles, y que aún no es sino un proyecto, no una realidad. Proyecto, además, que carece de elementos novedosos incluidos en él que permitan aventurar el crecimiento futuro de Ronda en algo más que su desarrollo urbanístico.
Hablando el otro día con un amigo decíamos que, dado que todos buscan “el bien de los rondeños”, no debería ser tan difícil ponerse de acuerdo una vez al año en una sola cosa. Y puesto que todos han decidido trabajar voluntariamente por “el bien de los rondeños”, y cobran por ello, o eso dicen, tampoco debería ser tan difícil que aunaran fuerzas y empujaran todos en la dirección de consolidar aquello que previamente decidieron hacer. De este modo, con que hicieran una sola cosa al año, Ronda avanzaría inevitablemente. ¿Qué cosas hacer? Obviamente se supone que ellos saben qué hacer: se les supone un programa de gobierno ambicioso que nos han presentado en las elecciones, y se suponen a sí mismos la capacidad de innovar, imaginar y adelantar el futuro de la ciudad, sabiendo qué es lo que nos hace falta a todos para progresar. Pero por si no se les ocurre nada, o por si han perdido o se han olvidado de sus programas electorales, baste con insinuar áreas donde aplicar su imaginación: educación, con la implantación y consolidación de nuevos estudios universitarios; industria, con la apertura hacia el mundo empresarial; medio ambiente, con la explotación y aplicación práctica de los recursos naturales que nos rodean; comercial, con el desarrollo de nuevas formas de comerciar que se están implantando en otros puntos geográficos del mundo; deportivo, con la celebración de campeonatos o torneos relevantes, o con la consolidación de Ronda como ciudad idónea para la preparación deportiva de distintos deportes, de clubes o de particulares, con la adecuación de las instalaciones deportivas existentes y con las proyectadas a centros de alto rendimiento deportivo; cultural, con la creación de certámenes de entidad en al menos una de las variadísimas modalidades en que la cultura tiene a bien manifestarse: escritura, danza, música, pintura, escultura, teatro, cine, … ¡Qué se yo!
Si de todo esto que digo, más todo lo que no digo, más aquello que se les ocurra a otros, más lo que se les ocurra a nuestros ediles, hicieran una sola cosa cada año, y se preocuparan por mantenerla en los años sucesivos…
Pero con unos presupuestos de sólo siete millones de euros, arriba o abajo, para invertir en el próximo año entre todas las áreas, con unas arcas situadas cerca de la UVI, con los precedentes que tenemos desde hace dos decenios hasta ahora en lo que a capacidad de imaginación y capacidad de trabajo se refiere, con las continuas trifulcas de los últimos cinco años entre bandos políticos opuestos, dentro y fuera de cada partido, con las que nos regalan los oídos mes sí y mes también, no cabe mucho espacio para la confianza.
Los avances funcionales y organizativos, como los de participación ciudadana, están muy bien, ¿pero participación para qué? La creación de nuevas sociedades, como el ente público-privado para la promoción y desarrollo del turismo en sus distintas modalidades, está muy bien, pero sigue siendo más de lo mismo, sin aportar nada nuevo. Las mejoras en las ferias, los adecentamientos de calles y jardines, los cuidados de parques, los premios a la limpieza de la ciudad, la apertura del deporte a todos, son detalles imprescindibles, que esconden tras de sí más trabajo y esfuerzo del que se aprecia a simple vista, y por lo que los concejales al cargo de estas delegaciones merecen un reconocimiento, siquiera, desde esta página que, me consta, no siempre es de su agrado. Pero con mantener lo que ya hay no llegamos a ningún lado. Para avanzar es preciso voluntad para ello, coordinación entre los distintos grupos municipales y facciones dentro de los mismos, e inteligencia suficiente para saber qué se quiere hacer y cómo se puede conseguir. Y si nos hemos de atener a lo que hasta ahora nos han demostrado, mal camino llevamos…